Cortes de Aragуn – Pбgina de voz – Gran Ilustración Aragonesa OnLine

converters torque

Cortes de Aragуn


НNDICE DE LA VOZ


(Hist.) Asamblea del rey con los representantes de los estamentos en que se divide la sociedad del reino. Su denominaciуn, que empieza siendo utilizada en singular, es sostener, cort o corte, resulta del romanceamiento del tйrmino latino curia . que entre los romanos ha designado la asamblea del pueblo, y que en la Existencia Media denomina la reuniуn de un rey, conde o seсor con sus principales consejeros, fundamentalmente para cultivar la administraciуn de jurisprudencia. La forma plural, cortes, se aplica cuando se simultanean diversas asambleas; por ejemplo, cuando se reъnen al mismo tiempo las de aragoneses, catalanes y valencianos, o cuando se alude a varias de ellas en el pasado, pero la tendencia renacentista y barroca a aumentar las instituciones consagra la sustituciуn del singular por el plural.


La corte en la incorporación Momento Media no es sino una variedad del consejo . уrgano franco y constituido por todos aquellos sъbditos que, en virtud del deber caudillo de prestar «consejo y ayuda» al rey, son convocados por йste para cada caso concreto, en la cuantнa y composiciуn que estima mбs oportuno; ello determina que las personas que por su influencia polнtica o tйcnica son consultadas con maduro frecuencia lleguen a ser consideradas coma los consejeros del rey por ejemplo, aunque ni han de ser llamados forzosamente, ni ellos han de constituir exclusivamente el consejo. La corte es una de las modalidades del consejo, a la que caracteriza la presencia de jueces o expertos en la administraciуn de honradez, ya que ordenar йsta es la funciуn para la que la convoca preferentemente el rey.


Al menos en 1188, en Huesca . y en 1208, la reuniуn de la corte se realiza pъblicamente, es proponer, con la presencia del pueblo del ocupación donde se verifica la asamblea e, incluso, la de representantes llegados de otras ciudades, villas y villeros o lugares, o, como sucede en Monzуn en 1217, con la presencia de ciudadanos y burgueses. La incorporaciуn de esta representaciуn tan amplia determina el partida de la corte solemne, plena o universal, tйrminos que aparecen con remisión a Aragуn en dirección a 1218 y 1236, y que significan el paso de un уrgano exclusivo del rey a un уrgano conjunto del rey y del reino.


Durante el primer perнodo del reinado de Jaime I . en que todavнa no se ha planteado una divisiуn precisa territorial de los reinos, no se distingue entre una corte de los aragoneses y una corte de los catalanes, aunque influye el sitio de la celebraciуn, pues las que se celebran en Zaragoza o en Huesca estбn compuestas de aragoneses, y de catalanes las que tienen emplazamiento en Barcelona o en Tortosa, en tanto que aparecen unos y otros en las que se celebran en Monzуn y en Lйrida. Sin requisa, al divorciarse de su primera mujer y tener hijos con la segunda, Jaime I proyecta la divisiуn de sus reinos, y utiliza precisamente las Cortes para fijar los lнmites territoriales de Aragуn y de Cataluсa, sobre todo, cuando aquйllas se reъnen para establecer la paz y tregua en Cataluсa, sin que por ello llegue a cortes nacionales, ni por otra parte, la instituciуn aparezca diferenciada, pues internamente de la sociedad, sуlo la jet set estб prуxima a constituir estado, es asegurar, asociación social cerrado con intereses propios, y estбn ciudades y villas todavнa acullá de ello; y aun la Iglesia, en cuanto forma parte de una organizaciуn supranacional.


La evoluciуn se consuma en 1283, cuando Pedro III . encontrбndose en peligro a causa de su polнtica mediterrбnea, se ve precisado a celebrar una corte plena a los aragoneses y concederles el Privilegio Común . en el que la corte es del rey, pero tambiйn del reino, con funciуn eminentemente contencioso: resuelve todas las cuestiones judiciales a travйs de sus correspondientes jueces y de la protección al Razón de Aragуn . y ha de celebrarse una vez al aсo y en la ciudad de Zaragoza, lo que roborar Alfonso III en 1288, precisando el mes de noviembre como plazo.


Donado lo costoso de reunir Cortes, Jaime II . que ha establecido el bienio para Cataluсa en 1299, lo establece tambiйn para Aragуn en 1307, precisa la festividad de Todos los Santos y autoriza al rey a celebrarlas en el lado que elija; y aъn alarga el plazo al trienio en 1311, de la misma forma que lo hace en Valencia. Las Cortes generales de toda la Corona se celebran en puntos equidistantes, como Monzуn —adonde acuden, incluso, los mallorquines en 1383 y 1435—, y que los catalanes reivindican por estar situada a la derecha del Cinca; son los valencianos los que mбs protestan por tener que salir de su reino. Tambiйn se practica el que los reinos se reъnan en lugares propios, pero cercanos, y asн, en 1429, catalanes, valencianos y aragoneses se reъnen en Tortosa, San Mateo y Valderrobres . En 1427, se determina que el ocasión de celebraciуn de las Cortes en Aragуn no pueda ser inferior a cuatrocientos hogares o fuegos, a fin de poder absorber la importante poblaciуn flotante que crean estas asambleas.


La convocatoria corresponde al rey. Suscita protestas el que lo haga otra persona en su nombre, incluso aunque esa persona sea la reina o el primogйnito —casos que, sin requisa, se toleran cuando tienen aquйllos la condiciуn de lugartenientes generales o de gobernadores generales—; disgusta asimismo la extensiуn de estas facultades a los lugartenientes generales de la Perduración Moderna o virreyes. La carta de convocatoria debe contener los negocios por tratar, recurriйndose a clбusulas de estilo que permiten tocar otros no previstos. Tambiйn debe indicarse el superficie de celebraciуn, que suelen ser iglesias mayores o conventos.


Los convocados son los componentes de los estamentos representados o brazos . que en Aragуn son cuatro, a aprender: el de la adhesión flor y nata, constituida por barones y ricos hombres; el de la quebranto condescendencia, integrada por caballeros e hidalgos o infanzones ; el del clero, representado por prelados y abades; y el de las universidades o concejos . Estas representaciones no empiezan a estar proporcionadamente precisadas hasta principios del siglo XIV, pues el clero, por ejemplo, no se incorpora a la actividad de las Cortes hasta 1301. Los componentes han de ser regnнcolas, y sуlo se admite algъn forбneo por ser heredado en el reino, como es el caso del catalбn Guillйn de Moncada en 1311. Las mujeres no intervienen por sн, pero lo hacen a travйs de representantes desde 1387.


Si las Cortes no pueden celebrarse el dнa previsto, cerca de sean prorrogadas o aplazadas, lo que debe hacer el propio convocante, y antaño de que se hayan iniciado. El Imparcialidad es la figura predominante de las Cortes aragonesas, pues es el enjuiciador superior de ellas, y tambiйn lo es en las Cortes de la Corona, durante las que se sienta en medio, en las gradas del solio existente pero su auxilio es protestada, frecuentemente, por valencianos y catalanes.


Las sesiones se inician con la proposiciуn o discurso del rey, donde йste revela sus intenciones. La respuesta de bienvenida corresponde al miembro eclesiбstico y, en las de la Corona, al prelado aragonйs. El Imparcialidad denuncia las ausencias o contumacia . que se justifican, generalmente, por accidentes naturales, como la crecida de los rнos, o por el orden pъblico, en virtud de las bandosidades.


Los brazos se reъnen por separado, nombrбndose habilitadores para comprobar la legalidad de los representantes o procuradores; promovedores o promotores para decidir las materias de discusiуn, y tratadores para negociar los brazos entre sн, asн como recogedores y examinadores de greuges . con la misiуn de estudiar los agravios o abusos cometidos por los oficiales del rey, y que йste ha de reparar debidamente si quiere obtener el asentimiento de los estamentos.


En las Cortes, el rey rastreo el consejo del reino y su colaboraciуn, especialmente, en el orden econуmico, pues el reino es el que ha de suministrar a aquйl el plata que precisa para sus empresas militares. El reino, por su parte, ademбs de la reparaciуn de los agravios, pretende la moderaciуn en las cargas fiscales y militares, asн como la concesiуn de un ordenamiento jurнdico basado en privilegios para los distintos estamentos segъn la fuerza de йstos (que es lo que denomina fueros); obtiene con ello una musculoso limitaciуn en el poder verdadero y un rйgimen polнtico basado en el permanencia de fuerzas entre rey y reino, a travйs de la concepciуn de la ley como pacto. Esta concepciуn se abre paso merced a una ideologнa sustentada en el mito de los Fueros de Sobrarbe . uno de cuyos principales representantes, el cronista Jerуnimo de Blancas . es precisamente el autor de la obra mбs importante sobre las Cortes aragonesas, publicada por Juan Francisco de Ustarroz en 1641.


La actividad de las Cortes se mantiene durante el perнodo de los Austrias, aunque el consistencia entre rey y reino se altera cada vez mбs en auspicio del primero, que dispensa con generosidad mercedes de todo tipo en honra de los que intervienen en defensa de sus pretensiones, especialmente nuevos pedidos o servicios, concesiones en peculio para apuntalar la deficiente Hacienda actual . Como las restantes instituciones pъblicas aragonesas, las Cortes desaparecen con el llegada de la dinastнa borbуnica.


• Bibliog.
Arregui Lucea, F. «La Curia y las Cortes en Aragуn»; Argensola. Revista del Instituto de Estudios Oscenses. 13, Huesca, 1953, pp. 1-36.
Capmany, A. Prбctica y estilo de celebrar Cortes en el Reino de Aragуn, principado de Cataluсa y reino de Valencia ; Madrid, 1821.
Colбs Latorre, G. y Salas Ausйns, J. A. «Las Cortes aragonesas de 1626. El voto del servicio y su plazo»; Estudios del Unidad de Historia Moderna (Zaragoza), IV, 1975 pp. 87-139.
Gonzбlez Antуn, L. Las Cortes aragonesas ; Librerнa Caudillo, Zaragoza, 1978.
Lalinde Abadнa, J. «Los Parlamentos y demбs instituciones representativas en la Corona de Aragуn desde Alfonso el Magnбnimo a Fernando el Catуlico (1416-1516)»; IX Congreso de Historia de la Corona de Aragуn, Nбpoles, 1978, vol. I, pp. 103-179.
Sarasa Sбnchez, E. Las Cortes de Aragуn en la Tiempo Media ; Zaragoza, 1979.


Hist. Med.. Las Cortes de Aragуn constituyeron, desde sus orнgenes medievales, asambleas representativas de los estamentos del reino —progresivamente incorporados a las mismas— para el control del poder definitivo de la monarquнa y la participaciуn en las tareas del Estado como garantнa polнtica y permitido de la defensa de los intereses aragoneses, de sus leyes y libertades pъblicas y privadas. O, como escribнa Jerуnimo de Blancas —cronista sucesor de Zurita — en la segunda fracción del siglo XVI «el ajuntamiento universal en el que el rey y los cuatro brazos [o estamentos] del reino intervenнan en forma pъblica y solemne».


Concebidas inicialmente con carбcter consultivo por parte de la realeza, y como un deber de los sъbditos con destino a su seсor natural, pronto se celebraron independientemente de las Cortes generales de la Corona y se consideraron como el efectivo parlamento de Aragуn cuando las altas dignidades eclesiбsticas, la clemencia, los caballeros y los representantes de las ciudades y lugares del reino —los cuatro estamentos o brazos, bajo la presidencia vivo y en presencia del Neutralidad . incorporación magistratura del paнs y togado conciliador entre la administraciуn y los aragoneses—, exigieron la reuniуn periуdica de dichas asambleas para discutir y resolver con el monarca los tйrminos de la polнtica exógeno e interior, de la legislaciуn o de las finanzas.


Sin secuestro, a pesar del espнritu que animу desde un principio dicha participaciуn, no siempre fueron los aragoneses quienes restringieron la iniciativa de la monarquнa sin reparos sino que, asimismo, los reyes se sirvieron de las Cortes para pulsar la opiniуn de los sъbditos mбs poderosos e influyentes y guardar sus aspiraciones. Para ello se reservaron el derecho de convocatoria y periodicidad, de presidencia y selecciуn de los integrantes de las Cortes, que podнan concluir excluidos si su desaparición se hacнa repetidamente injustificada y sospechosa, siendo declarados por ello en contumacia .


El inmovilidad de fuerzas conseguido se debiу mбs al acuerdo tбcito de los integrantes de estas asambleas que al sentimiento verdaderamente consciente y asumido sin reservas de democratizar las leyes (que seguirнan amparando al poderoso especialmente) y potenciar la colaboraciуn activa de la colectividad aragonesa en el quehacer comunitario. Asн se llegу al mantenimiento de cierto orden interno y corporativo en el que los sъbditos sabнan perfectamente hasta dуnde podнan pedir y los reyes hasta cuбnto debнan conceder sin arriesgar su predominio.


La dispersiуn de fuerzas y contraposiciуn de intereses estamentales, asн como el empecinamiento, a veces radical, de ciertas posturas unilaterales por parte de la crema sobre todo, actuando como especie de presiуn con el consentimiento de la monarquнa y la anuencia del conjunto de los procuradores—, llegarнan a convertirse en males crуnicos del procedimiento que perjudicarнa la poder de las atribuciones y competencias en cuanto a la aceptaciуn de decisiones globales y responsabilidades de conjunto; resultando una manifestaciуn mбs de la decadencia aragonesa al tйrmino de la йpoca medieval y comienzos de la moderna.


A pesar de todo, las Cortes de Aragуn constituyeron un organismo institucional vivo que fue creando sus propias normas de conducta y funcionamiento interno y foráneo a lo dispendioso de su trayectoria, canalizando las aspiraciones aragonesas y aglutinando las nuevas fuerzas sociales incorporadas sucesivamente a la vida polнtica, social y econуmica del reino. Aun con sus deficiencias, e incluso a veces escasa efectividad, las Cortes defendieron a los aragoneses de los agravios, o greuges . infligidos por el rey y sus oficiales a sus personas, complementaron la actividad polнtica del Consejo verdadero . legislaron y ordenaron las medidas de salvaguarda del cuerpo social en momentos especialmente crнticos, regularon el sistema de prestaciones personales y econуmicas que las circunstancias hicieron obligatorias a los sъbditos en determinadas coyunturas y lograron o al menos lo intentaron permanecer despejado un cauce de participaciуn e incluso de oposiciуn en presencia de cualquier empresa presentada por el rey a la asamblea como justificada para el progreso, defensa o arbitrio del condado y de sus moradores.


Desde esta perspectiva de conjunto, junto a reseсar el evidente retraso de los estudios sobre las Cortes aragonesas en universal y las de йpoca medieval en particular con respecto a Castilla o Cataluсa, donde cuentan desde el siglo pasado con repertorios de fuentes y obras dedicadas a este tema. En primer motivo, se puede afirmar, sin escasamente reservas, que hasta «ayer mismo» la concepciуn libre de las Cortes de Aragуn no ha sufrido los violentos y desmitificadores ataques que han desarticulado en buena parte a las Cortes castellanas del estatismo decimonуnico que las habнa encorsetado durante tanto tiempo. En segundo oficio, la transcripciуn y consulta directa de los textos que recogen las actas de los Procesos de Cortes aragonesas conservados en los archivos (Archivo de la Corona de Aragуn . en Barcelona, y Archivo de la Diputaciуn Provincial . en Zaragoza) no se ha iniciado con relativa continuidad hasta la dйcada de los 70. En tercer sitio, la concepciуn jurнdico-polнtica de los historiadores de las instituciones medievales espaсolas ha venido condicionando fuertemente el criterio sobre las asambleas en cuestiуn. Y, finalmente, al punto que en la dйcada de los 70 comenzaron a aparecer tнmidamente los primeros estudios parciales o globales con rigor cientнfico y rendimiento integral de los fondos disponibles.


1. Gйnesis y consolidaciуn de las cortes. No se puede confirmar una data determinada para el origen de las Cortes aragonesas a pesar de que la historiografнa clбsica desde Zurita en delante ha venido otorgando dicho carбcter a reuniones parciales y esporбdicas celebradas con antelación al siglo XIII; sobre todo si de las mismas se derivaron acontecimientos importantes para la vida del reino: tal ocurre con las llamadas Cortes de Borja de 1134 que congregaron a la clemencia, caballeros y representantes del tercer estado (cuarto bienhechor, en Aragуn), al objeto de atreverse sobre la sucesiуn de Alfonso I el Aguerrido ; con las de Huesca de 1162, que sirvieron para informar a los sъbditos de la Corona de las disposiciones del prнncipe de Aragуn (y conde de Barcelona) Ramуn Berenguer IV ; o tambiйn con las celebradas en Daroca en 1196 para cobrar del monarca Pedro II el ofrenda de observancia de los Fueros y privilegios del reino.


Sin requisa, es a lo abundante del siglo XIII, y mбs concretamente en el dilatado reinado de Jaime I (1213-1276) oportuno a que el tйrmino de la reconquista peninsular volcу los esfuerzos de los aragoneses en los problemas internos, cuando se sentaron las bases de lo que luego iban a constituir las magnas asambleas que conocemos en las centurias posteriores. Surgidas de la transformaciуn y adaptaciуn de la Curia regia o de las aspiraciones propias del pájaro aristocrбtico, primero, y del resto de las fuerzas sociales despuйs, a iniciativa de la monarquнa o independientemente de su voluntad, son varias las ocasiones en que Jaime I se reuniу con sus barones, obispos y procuradores de las ciudades y villas aragonesas y catalanas, o sуlo aragonesas, para agenciárselas el «consejo, protección y ayuda» en empresas llamadas a tener una gran trascendencia futura: asн por ejemplo, las Cortes generales de Monzуn de 1236, que trataron de asuntos tan dispares al menos en apariencia como la conquista de Valencia o la confirmaciуn de la moneda jaquesa: las particulares de Huesca de 1247, famosas por derivarse de las mismas la recopilaciуn de los Fueros de Aragуn (Compilaciуn de Huesca) bajo la direcciуn del mitrado Vidal de Canellas ; y las celebradas en Ejea en 1265, que confirmaron las atribuciones y competencias del Imparcialidad viejo del reino. No obstante, todas estas reuniones se alternaron y combinaron con otras convocatorias parciales del rey a nobles y caballeros aragoneses, obligados a asistir a dicha indicación por deberes feudales, sin especificarse los motivos de las mismas; no quedando claro —como sucede asimismo en las Cortes del reinado si el «derecho de reuniуn» se impuso al «deber del consejo» para los sъbditos, o si fue йste el que predominу, por encima de un autйntico espнritu parlamentario.


Con Pedro III (1276-1285) y Alfonso III (1285-1291), el conflicto de la Uniуn propiciу la condición de fijar determinados acuerdos en reuniones periуdicas, identificadas con las Cortes, para evitar o corregir los desequilibrios polнticos, sociales y econуmicos puestos de manifiesto en el enfrentamiento nobleza-monarquнa, con la institucionalizaciуn de los instrumentos que garantizaran la participaciуn del reino en las decisiones del Estado y en las tareas de su control y administraciуn; obligando a la monarquнa a sentirse vinculada a las Cortes, a su procedimiento, atribuciones y acuerdos, «La revuelta unionista» (1283-1298) constituyу, pues, el situación adecuado en el que fue posible la fijaciуn de las bases en que se asentarнa definitivamente el parlamento aragonйs. En este sentido, las Cortes de 1289 que corroboraron la vigencia del Privilegio Universal de 1283 y anularon, en cambio el Privilegio de la Uniуn respaldaron la comportamiento de la comité de nobles y representantes ciudadanos (universidades) que por iniciativa propia se habнa reunido en Tarazona para exigir de Pedro III una participaciуn efectiva en la polнtica extranjero e interior, y que sentaron las bases de la futura actuaciуn de las Cortes del reino como tarea comunitaria y con autonomнa propia.


Los reinados de Jaime II (1291-1327) y de su sucesor Alfonso IV (1327-1336) conocieron un total de nueve y dos, respectivamente, convocatorias de Cortes particulares de Aragуn con largos perнodos de inactividad parlamentaria: destacan las Cortes de 1300 y 1301 en Zaragoza, por las ayudas extraordinarias recabadas por el monarca para satisfacer el endeudamiento que la corona arrastraba de la etapa antedicho, por la polнtica foráneo de los ъltimos aсos del siglo XIII; y las de 1307, entre Zaragoza y Alagуn, que vieron las protestas de los zaragozanos por la decisiуn auténtico de no celebrar necesariamente dichas asambleas en Zaragoza, y aprobaron la bianualidad nunca cumplida de las convocatorias, asн como la adopciуn de medidas fiscales, con la introducciуn de nuevos impuestos y la regulaciуn de los ya existentes como el del monedaje con vistas a un saneamiento econуmico. Daroca (en 1309), Huesca (en 1314) y de nuevo Zaragoza (en 1316, 1320, 1325, 1328 y 1336) fueron sedes de Cortes, sucesivamente en estos aсos, sin trascendencia futura ni exclusivo interйs en cuanto a los acuerdos tomados en ellas.


2. Las Cortes de Pedro IV y los ъltimos Reyes de la Casa de Barcelona. En los primeros aсos del liberal reinado de Pedro IV (1336-1387) no se celebraron reuniones parlamentarias, sino mбs acertadamente algunas entrevistas del soberano con magnates y eclesiбsticos (en Castellуn, Gandesa, Daroca), o con el Consejo vivo, para tratar asuntos de polнtica extranjera especialmente. La coronaciуn y el fidelidad de los Fueros de Aragуn precedieron, como en otras ocasiones, a las primeras Cortes de la nueva etapa, que no tuvieron oportunidad hasta 1347 y en Zaragoza, bajo la tensiуn provocada por el recrudecimiento de la Uniуn tras ser procesado el monarca de representar en contrafuero al confirmar los derechos de su hija como heredera frente a los de su hermano don Jaime de Urgel . En esta ocasiуn, el aristocratismo unionista consiguiу la rehabilitaciуn del Privilegio de la Uniуn de 1287 y la exigencia de la celebraciуn anual de Cortes incumplida tambiйn, como la bianualidad; acuerdos que el rey se vio obligado a aceptar unido con otras disposiciones generales.


Pero el triunfo central de Pedro el Ceremonioso en la batalla de Йpila frente al ejйrcito unionista, en 1348, cambiarнa el panorama de las Cortes del reino: ya las de ese mismo aсo, convocadas de nuevo en la caudal, pudieron ratificar tan sуlo el Privilegio Genérico de 1283 (y su confirmaciуn de 1325), a costa de ver anulado definitivamente el de la Uniуn, destruido personalmente por el propio monarca (segъn la tradiciуn) en sesiуn celebrada en el refectorio de los frailes predicadores o dominicos (hoy antiguo cabildo, en la plaza de Santo Domingo), donde se reunieron asiduamente las Cortes aragonesas, alternando con La Seo para las sesiones mбs solemnes de comprensión o solio (clausura).


Las Cortes de 1349, 1350 y 1352, tambiйn en Zaragoza, tan pronto como tuvieron importancia, caracterizбndose por su brevedad. El descalabro de las pretensiones aragonesas de la Uniуn y las secuelas de la peste que entre 1348-49 asolу la penнnsula ibйrica contribuyeron a ello sustancialmente, antiguamente de que una nueva calamidad se cerniera sobre las cabezas de los sufridos sъbditos hundiendo todavнa mбs las esperanzas del resurgimiento polнtico y econуmico de Aragуn.


La cruenta y demoledora querella con Castilla . que se mantuvo con intervalos de calma entre 1356 y 1375, obligу al rey a convocar a Cortes a los aragoneses en repetidas ocasiones, al objeto de lograr los subsidios y prestaciones de personal y fortuna necesarios para sostener el ejйrcito destinado a defender el comarca y asegurar los intereses de la Corona. A esta motivaciуn obedecieron las asambleas de 1357 (Cariсena), 1360 (Zaragoza), 1362-63 (generales, para toda la Corona, en Monzуn), 1364 y 1365-66 (Zaragoza), 1367 (Tamarite-Zaragoza), 1371-72 (Caspe-Alcaсiz-Zaragoza) y 1375 (Tamarite). En todas ellas, Pedro IV acosу a los aragoneses con continuas contribuciones a la desavenencia, logrбndose a cambio escasas compensaciones para el reino. El peligro de invasiуn castellana condicionу la localizaciуn de algunas asambleas, que tuvieron que celebrarse acullá de las fronteras con Castilla y sin tiempo para mediar en los planes de la suscripción polнtica o en la conveniencia o no de concluir el conflicto, aspectos que seguirнan tratбndose en asambleas reducidas o en el Consejo positivo.


De las Cortes generales de Monzуn de 1363 continuadas despuйs particularmente en Aragуn, Valencia y Cataluсa sobresale el discurso programбtico de inauguraciуn, a cargo de Pedro el Ceremonioso, y las discusiones en torno a la contrataciуn de tropas mercenarias. Y de las dos ъltimas del perнodo bйlico los sustanciosos prйstamos econуmicos para sostener los ejйrcitos nacionales y extranjeros. Pero en normal junto a destacar el hecho de que la monarquнa logrу acorazar su prestigio extranjero y consolidar los йxitos de los intereses de la Corona tanto en la penнnsula como en el Mediterrбneo a cambio de muy contados logros, que fueron mбs estamentales que de conjunto, por ejemplo en el caso de la consolidaciуn de los poderes absolutos y jurisdiccionales de la aristocracia seсorial.


Terminada la supresión castellano-aragonesa, pasaron seis aсos ayer de que Pedro IV volviera a reunir Cortes, en 1381 y en la ciudad de Zaragoza. Las ъltimas del reinado, abiertas en 1383 en Monzуn, fueron concluidas por Juan I, su sucesor, en 1389, con audiencia de aragoneses, valencianos, catalanes y mallorquines, tras una serie de interrupciones y prуrrogas. Con Juan I y Martнn el Humano . entre 1387 y 1410, sуlo en tres ocasiones se celebraron Cortes, que obtuvieron algunos resultados prбcticos y favorables a los intereses de Aragуn en lo referente a Fueros, administraciуn territorial, fiscalidad y atribuciones de la diputaciуn permanente o Diputaciуn militar ; sirviendo ademбs para que los monarcas prestaran protesta a las leyes del reino segъn se habнa establecido como preceptivo en las Cortes de Zaragoza de 1348. Dichas asambleas se juntaron sucesivamente en Monzуn (1390), Zaragoza (1398-1400) y Maella (1404), manifestбndose en estas ъltimas la condición de poner remedio con aprieto a las penurias econуmicas del paнs y a la equivocación de seguridad pъblica por la alteraciуn del condado, por encima de los unilaterales y exclusivos intereses de la monarquнa representada en Martнn el Humano, que se limitу en esta ocasiуn a presidir las sesiones sin mбs alternativa por su parte.


3. Las Cortes de los Trastбmara. Tras el parйntesis del Interregno (1410-1412) y la introducciуn en Aragуn de la dinastнa castellana de los Trastбmara en la figura del infante don Fernando de Antequera, preferido en el Compromiso de Caspe . las Cortes aragonesas comenzaron a funcionar de inmediato. Con Fernando I (1412-1416) se reunieron dos veces, ambas en Zaragoza. En las primeras (1412) se manifestу la voluntad de continuismo por parte de los estamentos y el respeto del nuevo monarca por las instituciones genuinas del paнs; se arbitraron las medidas oportunas para resolver con prontitud los problemas arrastrados desde la etapa precursor sobre todo los de orden interno (sediciones, revueltas, alteraciones, etc.); y se intentу calmar la crisis econуmica y el desorden fiscal del reino. En esta asamblea, el rey y su heredero juraron los Fueros de Aragуn, aludiendo a los ordenamientos legales que el rey Pedro IV habнa comisión asimismo en 1348 y que comprendнan los «privilegios, libertades, usos y costumbres de la tierra» como orden constitucional que cumplir; reafirmбndose en la permanente dispositivo de todos los reinos y territorios de la Corona que don Fernando habнa recibido con su elecciуn.


Las Cortes de 1414, celebradas inmediatamente despuйs de la coronaciуn actual en febrero de dicho aсo, mantuvieron simplemente los presupuestos de las anteriores, obteniendo el rey un nuevo prйstamo de la asamblea que completaba el de la precedente e intentaba cubrir los gastos derivados de la nueva situaciуn y de la reparaciуn de cuanto era preciso, tanto en el orden polнtico como econуmico.


La prematura crimen del primer Trastбmara aragonйs dejу en el trono a su heredero primogйnito, que reinarнa con el nombre de Alfonso V el Magnбnimo durante cuarenta y dos aсos (1416-1458), avecinбndose un perнodo de tensiones y desуrdenes que tuvieron que soportar los aragoneses estoicamente, por la prolongada permanencia del rey en Nбpoles y la responsabilidad de la reina doсa Marнa como lugarteniente. Las Cortes de Aragуn en esta etapa se inscriben adentro de la marcha de los acontecimientos en el departamento. Las primeras, reunidas en Maella en 1423, se celebraron ya con la desaparición del monarca, y tan sуlo las de Teruel en 1427-28 y las de Valderrobres en 1429 fueron presididas por el rey en un ámbito de exterminio con Castilla. En las tres ocasiones los greuges . las generalidades y el capнtulo legislador tuvieron singular dedicaciуn: destacбndose en las de Teruel la ordenaciуn de las famosas Observancias de Martнn Dнez de Aux . de un interйs jurнdico evidente, que se recopilarнan finalmente diez aсos despuйs; y en las de Valderrobres, la generosa respuesta de los aragoneses frente a la ayuda solicitada por Alfonso V para pertrechar un ejйrcito que defendiera el paraje de los castellanos, asн como la fijaciуn de que no se reunieran Cortes en lugares con menos de 400 casas.


Las sucesivas asambleas parlamentarias fueron presididas ya por la reina o por don Juan de Navarra, hermano del rey, correcto a la instalaciуn definitiva del monarca en Italia a partir de 1432, atraнdo por la corte humanista de que supo rodearse hasta su crimen. En esta segunda etapa del reinado de Alfonso V hubo Cortes aragonesas en 1435-36 (Monzуn y Alcaсiz), 1439 (Zaragoza), 1441-42 (Alcaсiz-Zaragoza), 1446-1450 (Zaragoza) y, finalmente, en 1451 (tambiйn en Zaragoza). En todas ellas, la constante que seсalar estб en los prйstamos aprobados en las sesiones y destinados al regreso del monarca desde Nбpoles, asн como en la amenaza del región por parte de castellanos y mercenarios franceses. Todo ello internamente de un condición saturado de preocupaciуn y descontento aragonйs, por el descontrol de las instituciones y organismos del Estado y por el progresivo damnificación del orden pъblico, tanto en el medio rural como en el urbano. Este descontento harнa melladura en el бnimo de los sъbditos y serнa la causa de la excesiva duraciуn de las Cortes de Zaragoza que, iniciadas en 1446 se prolongaron hasta 1450; dividiйndose los estamentos respecto a la intervenciуn en el conflicto bйlico con Castilla y demorando las decisiones finales concernientes a los subsidios de las tropas precisas. Poco similar sucederнa con la ъltima asamblea del reinado, prorrogada una y otra vez antaño de su clausura definitiva, en 1454, tras varios intervalos de total inactividad.


Con Juan II (1458-1479) las Cortes se resentirбn de los problemas inherentes a la polнtica del totalitario monarca, a la divisiуn de los territorios de la Corona por la cuestiуn de don Carlos, prнncipe de Viana . y a la pleito de Cataluсa. Problemas que atraerнan y absorberнan toda la atenciуn del soberano prolongando en cierta medida la sensaciуn de desvaimiento que sintieron los aragoneses desde la etapa de Alfonso V.


Las primeras Cortes tuvieron motivo entre Fraga, Zaragoza y Calatayud a lo dilatado de los aсos 1460-61, con la juramento de los Fueros por parte de Juan II y la intenciуn de algunas familias notables del reino de ojear como heredero de la Corona al primogйnito don Carlos antiguamente de que йste muriera, en 1461, en extraсas circunstancias. Fallecimiento que favoreciу el inspección de don Fernando segundogйnito del rey y hermanastro del prнncipe de Viana como sucesor de don Juan, en 1464, de forma inapelable.


Tambiйn hubo Cortes entre 1466-69 (Zaragoza, Alcaсiz) y 1469-70 (generales en Monzуn y prorrogadas para los aragoneses en Zaragoza, como era habitual), seсalбndose la errata de atractivo que para Aragуn tenнa la polнtica llevada a angla por Juan II ya que, en estos aсos, se alejaba de los intereses del reino y de sus habitantes. El resto de las asambleas del perнodo se celebraron todas ellas en la renta del reino (en 1474, 1475, 1476 y 1478) con continuas interrupciones y prуrrogas que hacen confundirse unas con otras interiormente de un clima de inestabilidad y provisionalidad, reflejado en otras manifestaciones del momento y prolongado hasta la muere del soberano en 1479.


Finalmente, las Cortes de Aragуn en el atractivo y contradictorio reinado de Fernando II a heroína entre la Momento Media y la Moderna supondrбn en conjunto un continuo debate en el que el rey y el reino medirбn sus fuerzas y lucharбn por sobreimponerse con argumentos contrarios; tal vez con la misma buena voluntad por parte de todos, aunque sin resistir a entenderse del todo correcto a la dislocaciуn del mйtodo y de los posibles utilizados para ello indistintamente.


• Bibliog.
Gonzбlez Antуn, L. Las Cortes de Aragуn ; Zaragoza, 1978.
Sarasa Sбnchez, E. Las Cortes de Aragуn en la Época Media ; Zaragoza, 1979.


Hist. Mod.. Los estudios sobre el parlamentarismo aragonйs en la modernidad han deslizado durante aсos el molestia polйmico, centrado de modo particular en las Cortes celebradas en Tarazona durante el aсo 1592; sin confiscación, los esfuerzos de algunos historiadores por alcanzar unos resultados cientнficos constituyen un jalуn sin precedentes en la historiografнa sobre el tema, que tropieza con la dificultad de la escasa publicaciуn de sus fuentes mбs genuinas: registros de los «brazos», y los redactados por los notarios de las Cortes (procesos).


Un nъcleo importante de este tipo de fuentes estб localizado en el archivo de la Diputaciуn Provincial de Zaragoza, pero ha de ser completado con los fondos del Archivo de la Corona de Aragуn (Consejo Supremo de Aragуn) y algunas copias y resъmenes existentes en otros depуsitos.


1. Los comienzos de la modernidad parlamentaria (1460-1512). Modernidad entendida como resultado del quehacer parlamentario, no en el sentido de modificaciуn estructural. En este orden puede hablarse de Cortes «modernas» de las primeras habidas con Juan II, soberano con rasgos claramente modernos (autoritarismo, o inclinaciуn a йl, y polнtica expansionista que prepara el camino de su hijo Fernando). En este perнodo la influencia del soberano en las Cortes irнa aumentando, para reclinarse a fines del reinado de Fernando II.


En 1460 Juan II se encuentra con unas Cortes aragonesas acostumbradas a pocas presiones por parte de la monarquнa; por ello el soberano, carencia mбs cumplir las formalidades de rigor tolerancia solemne y juramento de los Fueros, sale para Cataluсa y serнa una «diputaciуn» compuesta de 72 miembros la encargada del quehacer parlamentario. Lo importante de estas Cortes desde el punto de olfato de la mentalidad aragonesa queda reflejado en la legislaciуn elaborada, en específico lo referente a la intervenciуn de catalanes y valencianos en asuntos aragoneses, bajo pena de asesinato; a la cuna aragonesa para el canciller, vicecanciller y regente de la Cancillerнa verdadero, a la par que se define la naturaleza aragonesa, en la que se incluye a los hijos de los reyes, aunque no hubieran nacido en el reino aragonйs. Tambiйn se identifican los privilegios aragoneses con la religiуn cristiana, consiguiendo pena de prisiуn contra moros y judнos que no respetaran el paso del Santнsimo Sacramento, asн como la prohibiciуn de incluir el nombre de Mahoma en las llamadas a las mezquitas. Una serie de medidas de tipo proteccionista para la propia industria y comercio completan el ámbito de las claras tendencias «nacionalistas».


Comenzadas estas Cortes el 3-VIII-1460 en Fraga, pasaron a Zaragoza el 9-II-1461, terminando el 14 de diciembre en Calatayud, donde se habнan trasladado el 15 de julio. El resto de las sesiones de Cortes hasta 1484 (1466-69, 1469-70, 1474, 1475, 1476, 1478, 1481) no parecen poseer tenido un trascendente relieve.


Es en 1484 cuando, de forma paralela a las decisiones parlamentarias, se introduce la nueva Inquisiciуn en el reino, constituyendo un sнntoma el que la asamblea hubiera cubo poder a su soberano —Fernando II— para poner tasa a los gastos extraordinarios del reino. Es evidente que la situaciуn precaria de la Hacienda aragonesa iba a permitir el progreso del incipiente autoritarismo fernandino. En la misma direcciуn de aumento de la autoridad positivo tuvieron división las actividades de las Cortes de 1493, estableciendo en Zaragoza, o donde residiera la corte del Equidad, un consejo de cinco juristas, nombrados por el rey mediante propuesta de los diputados, para aconsejar y elegir las sentencias que los oficiales del reino hubieran de pronunciar en los casos del fuero de homicidiis y en otros delitos graves.


La carestia de conocer las posibilidades fiscales del reino tanto para la monarquнa como para los privilegiados— llevaron, en las siguientes Cortes de 1495, a un recuento de la poblaciуn, extraordinario actividad llevada a sitio en aсos subsiguientes y cuyos registros, conservados actualmente, permiten conocer las nуminas de contribuyentes (vecinos) a bienes de tributaciуn universal del reino, asн como la posibilidad de un cбlculo general de la poblaciуn aragonesa de la йpoca.


Todavнa parece que hubo actividad parlamentaria a fines y principios de la centuria posterior (1498-99 y 1502-3), pero se suelen destacar dos momentos importantes para la monarquнa: 1510 y 1512 (uno y otro en Monzуn). En las primeras se suprimiу la Hermandad, sistema represivo probablemente innecesario para la monarquнa ya que habнa rematado introducir y asentar un notabilнsimo herramienta de actuaciуn en los mecanismos internos: la Inquisiciуn. Por otro banda se fortalecнa la probidad efectivo en el circunscripción con la consolidaciуn de las Audiencias, en йstas y en las posteriores Cortes de 1512 presididas por la segunda mujer de Fernando, Germana de Foix claramente favorables al poder verdadero.


carta di credito ing direct verified by visa

2. El intento autonomista (1515- 1585). En 1515 se produce un fenуmeno parlamentario que provoca una censura en la historia de las Cortes aragonesas: la afición del soberano vetusto y enfermo y una serie de factores internos poco conocidos permiten que los estamentos actъen con un vigor autonomista a la vez que insolidario entre sн, frente a la monarquнa. El enfrentamiento fue de modo manifiesto con la clemencia y caballeros en la situaciуn de seсores de vasallos, que sujetarнan la concesiуn del servicio positivo a la revocaciуn de los capital de sus vasallos al soberano (perhorrescencias). A pesar de los buenos oficios del miltrado Alonso de Aragуn, no hubo acuerdo entre los brazos, y el resultado fue una autйntica desbandada, con enfermo menoscabo de la monarquнa, si admisiblemente los brazos eclesiбstico y de las universidades aceptaron el servicio, e incluso se tiene conocimiento de que algunos de los componentes de йste ъltimo pagaron su parte correspondiente.


Las Cortes subsiguientes, que coincidieron con el comienzo de una nueva dinastнa Austrias conveniente alejada de los intereses del reino de Aragуn y completamente inclinada a problemas de hegemonнa en Europa, tuvieron una decisión de acciуn que ъnicamente fue desapareciendo con la intervenciуn del prнncipe Felipe como lugarteniente de su padre el emperador Carlos V . Una prueba de la desvinculaciуn con respecto al poder actual se observa en los comienzos del reinado: comenzadas las primeras Cortes del futuro emperador el 20-V-1518 en Zaragoza, donde terminarнan el 17-1-1519, se pudo cotejar el rechazo alrededor de un soberano que a duras penas se reconociу como tal en vida de su matriz, y ello con la complicada fуrmula de considerarle correinante. Uno de los frutos del momento serнa la elaboraciуn o compilaciуn de un reglamento para la Diputaciуn . que de este modo se convertнa en una instituciуn sуlida del reino.


En 1528 volvieron a reunirse los estamentos, con audiencia de Carlos, en Monzуn (1 de junio), prorrogбndose el 23 de julio para Zaragoza como particulares de Aragуn. La laboreo intensa de la monarquнa consiguiу reestructurar la Efectivo Audiencia, estableciendo un consejo de cuatro letrados, sin cuyo opinión no se podrнan pronunciar las causas civiles ni criminales, a la vez que en la acuсaciуn de moneda de oro se prescribнa que fueran de ley y peso de las de Castilla.


Tambiйn presidiу Carlos ya emperador las Cortes de 1533 (19 de junio, hasta 20-I-1534), donde se concediу a los diputados la escuela de proveer los cargos de lugarteniente de sobrejuntero, asн como para demarcar los distritos de las sobrejunterнas. Nuevas reuniones en 1437 y 1542 muestran un momento de evidente calma, mantenida hasta las Cortes de 1547 presididas por el prнncipe Felipe, quien jurу, y habнa sido comisión como tal, en las Cortes anteriores, quedando autorizado para celebrar Cortes en Aragуn aunque con las condiciones de no cultivar jurisdicciуn sin retornar a juramentar en el templo de La Seo de Zaragoza (segъn hizo el 18-X-1542), y que, aunque despuйs de hacer este grosería quedaba preparado para tener las Cortes, ъnicamente deberнan ser convocadas por el emperador. Los ilustrados del reino conseguнan introducir en las Cortes de 1547 un punto fundamental para la fijaciуn de la superestructura: la figura del cronista. Otras medidas de importancia interna en las siguientes Cortes (1553), tambiйn presididas por el prнncipe Felipe, fueron: intento de dispositivo metrolуgica vieja aspiraciуn, ya que se prescribiу que todos los pesos y medidas debнan ajustarse al patrуn de Zaragoza (se excluнa a Teruel y Albarracнn), y una ley suntuaria bajo el epнgrafe de «Reformaciуn, prohibiciуn y limitaciуn de vestidos y atavнos de personas, asн hombres, como mujeres» para purificar la vida econуmica del paнs.


La acentuaciуn de la inestabilidad del orden pъblico en el interior del reino (entre cuyos factores cerca de seсalar la presiуn de la monarquнa, con instrumentos como la Inquisiciуn, la actuaciуn de algunos grupos aragoneses a gracia de las tendencias autoritarias, y las crisis sufridas por la economнa que aumentaban las diferencias socioeconуmicas) permitiу que los estamentos representaciуn de los privilegiados del reino, pero a la vez conciencia de lo aragonйs—cedieran en las Cortes de 1563-64 permitiendo un fortalecimiento de la Audiencia Efectivo, aunque tambiйn se beneficiу la Diputaciуn del reino, ya que se ampliaba el capнtulo de gastos de los diputados a seiscientas libras para gastos ordinarios y a dos mil trescientas lo que se les permitirб ponerse en defensa de las «libertades» o en beneficio del reino. Las quejas contra la Inquisiciуn y sus notorias actuaciones fuera de «fe», fueron un punto de fricciуn que intentу resolverse mediante concordia en 1568, determinando sus funciones y reduciendo el nъmero de «familiares» con proporciуn al vecindario de cada poblaciуn.


Monzуn, 28-VI-1585; Binйfar, 9-XII-1585, constituyeron el situación de las ъltimas actuaciones parlamentarias de este perнodo. Felipe I de Aragуn cedнa frente a las peticiones de los seсores de vasallos, permitiendo, de acuerdo con los estamentos, que se aplicase la pena de homicidio a los vasallos rebeldes, incluyendo a aquellos que no acudieran en auxilio de su seсor, lo cual suponнa una confirmaciуn del «inmutable poder» en cuyo mantenimiento se implicaba el Justiciazgo y la Existente Audiencia.


Una lejana aspiraciуn del reino alcanzу su objetivo: el que los aragoneses pudieran obtener en Amйrica oficios, beneficios, prelacнas y dignidades eclesiбsticas y civiles como los naturales de los reinos de Castilla.


La prбctica parlamentaria produjo el fenуmeno de los «reglamentos» de las Cortes, cuadernos manuscritos que partiendo del maniquí de Blancas (Modo de proceder en Cortes de Aragуn) fueron utilizadas despuйs de 1585.


3. El perнodo dominante (1592-1646). En 1591 la sociedad aragonesa llega a un momento de conflicto intenso por la crispaciуn de tensiones acumuladas por los factores ya indicados: el principal, o el mбs espectacular, se producirнa en Zaragoza. Son las conocidas alteraciones . La complejidad de las relaciones socioeconуmicas entre los aragoneses impedirнa una respuesta unбnime en presencia de la «invasiуn» del ejйrcito existente, que atentaba contra el orden foral, de modo que en un clima de ocupaciуn y por consiguiente sin osadía —aunque tambiйn debe tenerse en cuenta la presencia de aragoneses incondicionales de la Corona— se reunieron Cortes en Tarazona el 15-VII-1592, presididas por el prelado de Zaragoza, Andrйs Cabrera y Bobadilla y, despuйs de su fallecimiento, por Juan Campi, uno de los regentes del Consejo Supremo de Aragуn. El rey asistiу a la clausura, que tuvo oficio el 2 de diciembre.


En teorнa, los cambios introducidos en las estructuras polнticas del reino parecen importantes: Se termina expresamente con la ley de unanimidad de individuos y estamentos, aunque se discute que tal prбctica se iniciara en este momento porque ya existнan precedentes, pero se debe hacer la observaciуn de que en los casos conocidos (incluido 1515) la iniciativa partiу de los mismos brazos en decisiуn autónomo, situaciуn que al parecer no se dio en 1592. Se ponen lнmites a la presentaciуn de agravios (greuges). La Escolta del Reino quedaba a disposiciуn del presidente de la Audiencia Verdadero (antaño dependнa de la Diputaciуn). El cargo de Neutralidad se declarу revocable a soberano voluntad positivo. A los diputados se les prohibнa convocar sin permiso regio a los municipios o particulares. Se abolнa la autodeterminación de imprenta. El soberano podrнa designar a voluntad el virrey hasta las siguientes Cortes. A quien «apellidara» confianza se le podrнa aplicar hasta la pena de asesinato.


La aplicaciуn de estas normas, asн como sus resultados, quedan pendientes de estudio y, de un intento de interpretaciуn. Un hecho ha sido constatado: el servicio al monarca se elevу a la cantidad de 700.000 libras, que, segъn los representantes aragoneses, era «ancho segъn las pocas fuerzas deste reino, y viejo de lo que jamбs hasta aquн se ha hecho por nuestros antecesores». Medio millуn lo conseguirнa Felipe I obligando a los diputados del reino a que vendieran censales (tнtulos de deuda pъblica), ya que era obvia la imposibilidad de disponer de equivalente suma.


De acuerdo con una revisiуn de las fuentes, se corrigieron los «reglamentos» de las Cortes, realizando nuevas redacciones Jerуnimo Martel en 1592 (ayer de las Cortes) y 1601 (Forma de celebrar Cortes en Aragуn) introduciendo en este ъltimo los cambios producidos por las Cortes de 1592.


Durante el reinado de Felipe II (III de Castilla) no hubo reuniуn de Cortes, pero sн juntas o congregaciones de brazos (como en 1516 y 1520) en 1599 y 1601, que pudieron servir de distensiуn. Verdaderamente, 1592 enlaza con la actividad parlamentaria de 1626, en pleno auge del conde-duque de Olivares, frustrado constructor del «autoritarismo» de Felipe III (IV de Castilla). Los estudios relativos a estas Cortes han permitido conocer las presiones de la monarquнa y su naturaleza, donde se encuentran procedimientos que rayan en la extorsiуn y el soborno, cuando no en la violencia mental y fнsica: el rey o sus representantes compraron votos, amenazaron a personas y a municipios de distintas universidades, e incluso se actuу contra ellos. El resultado: una gran presiуn fiscal a pesar de las reducciones, ya que el reino deberнa acreditar 144.000 libras durante quince aсos, medida contraproducente si se tiene en cuenta la despoblaciуn por las violentas futuro de moriscos y la correspondiente crisis econуmica en el interior de una coyuntura genérico desfavorable.


En ese espacio de tiempo, y al parecer, hubo tres congregaciones de brazos: 1632 (Teruel, con dudas si se llegу a realizar), 1634 (Zaragoza) y 1641 (Zaragoza; actualmente en estudio). Los problemas tardaban en resolverse y por ello comenzу el rey Cortes en Zaragoza, iniciбndose las sesiones el 20-IX-1645 y teniendo la clausura el 3-XI-1646. Unos estamentos poco firmes en presencia de la adversa coyuntura econуmica y los embates de la monarquнa accedieron a recargar los aranceles aduaneros en un tres por ciento con objeto de poder respaldar el servicio efectivo, a la vez que se prescribнa una sisa para la cual se ordenaba una nueva figuraciуn y se reducнan las medidas proteccionistas.


4. En dirección a una reactivaciуn parlamentaria (1677-1702). En el reinado de Carlos II y merced a la coyuntura polнtica estancias de Juan Josй de Austria se iniciу un movimiento cachas de examen interno, constituyйndose una Acoplamiento la Congregación Magna para reactivar la vida econуmica y sacar al paнs de su lenta agonнa. Partidarios de un proteccionismo firmemente se enfrentaron con los inclinados al «dispensado comercio», pero falta podнa hacerse sin una reuniуn de Cortes.


En 1677, y correcto a los intereses polнticos de Juan Josй de Austria se abrirнan unas Cortes en las que se iba a volcar todo el paнs para intentar un dispersión de la deprimida industria franquista aragonesa frente a la presiуn francesa. Los conflictos con la monarquнa habнan sufrido una distensiуn que iba a permitir una actividad fugado de trabas, a excepciуn de las internas que nunca desaparecieron: el brazo de caballeros e infanzones aparece como uno de los motores de la iniciativa y del progreso, hasta el punto de hacerse partidario de suprimir el «definitivo poder» de los seсores de vasallos. Los vasallos, continuando en sus antiguas reivindicaciones en paradoja con la decadencia industrial y comercial, ofrecнan satisfacer ellos solos el servicio actual, concediendo 800.000 reales (80.000 libras jaquesas) si se les eximнa del «tajante poder». Los privilegiados seсores reaccionaron y la propuesta no siguiу delante. Las prбcticas «mercantilistas» se pondrнan en funcionamiento durante seis aсos, al lugar de los cuales se reunirнan de nuevo los estamentos.


En 1684, y en virtud de lo dispuesto en 1678, hubo nueva reuniуn de Cortes, con un holgado mejora, ya que no finalizaron hasta 1687. El fracaso proteccionista fue claro, pero no atemorizу a sus partidarios y estimulу a sus detractores. Los incipientes estudios llevados a lado sobre estas actividades parlamentarias muestran una serie de propuestas e intentos de activar el sistema, ademбs de un claro signo de eximir el comercio. En buena medida, los problemas abordados en este congreso fueron probablemente resueltos y ya no llegaron a las ъltimas Cortes privativas del reino de Aragуn, celebradas en Zaragoza en 1702, que, habiendo sido convocadas el aсo precursor, no pudieron tener eclosión hasta el dнa 26 de abril del citado aсo, en Zaragoza; y, presididas por la reina Marнa Luisa de Saboya en medio de la viejo expectaciуn e inquietud, no pudieron desarrollar una tajo intensa, prorrogando los Fueros y actos de Cortes temporales, entre otras medidas, y ofreciendo a la reina un donativo de 800.000 reales (80.000 libras).


5. Disoluciуn y asimilaciуn castellanista (s. XVIII). En el siglo XVIII las Cortes de Aragуn, tal y como habнan funcionado en los siglos anteriores, fueron suprimidas, no volviendo a aparecer hasta junio de 1808 en un contexto social y polнtico ya revolucionario. Durante la Extirpación de Sucesiуn, como castigo al apoyo de una parte de los aragoneses al banco del archiduque Carlos, y tras la conquista de Zaragoza (25-V-1707) por las tropas del futuro Felipe V, los decretos de «nueva planta» de 20-VI-1707 (rectificado parcialmente por decreto de 29-VII-1707) y 3-IV-1711 abolieron los Fueros de Aragуn en lo tocante a su dimensiуn pъblica (subsistiendo parcialmente algunos derechos y privilegios individuales) haciendo desaparecer las Cortes de Aragуn, y reorganizaron el gobierno del reino en torno a la Audiencia y el Tribunal o Juntura del Vivo Tesoro, instituciуn esta ъltima que sustituнa a la Diputaciуn del Reino, pero cuyos miembros no eran ya nombrados por las Cortes.


La supresiуn de los fueros suscitу numerosas protestas en Aragуn; no asн, segъn parece, la supresiуn de las Cortes, ya que Felipe V mantuvo el privilegio de voto en Cortes (desde entonces en las Cortes de Castilla) a las ciudades aragonesas cuyos representantes fueron considerados fieles a su causa en el conflicto. Desde fines del siglo XVI en las Cortes de Castilla los procuradores cobraban el 1,5 % de los servicios concedidos al monarca lo que individualmente suponнa asaz patrimonio y debiу ser un incentivo para los nuevos procuradores aragoneses. En 1709 las Cortes de Castilla contaban con procuradores de las ciudades de Zaragoza, Tarazona, Jaca, Calatayud, Borja y Fraga. En 1771 solicitу voto en Cortes tambiйn la ciudad de Teruel, consiguiйndolo en 1778, y ese aсo lo solicitу tambiйn Huesca. El partido de las Cinco Villas, probablemente a travйs de su caudal, Sos, obtuvo el voto en Cortes entre 1803 y 1805.


En el siglo XVIII el entrenamiento del poder de la nueva casa de Borbуn, basado en el derecho de conquista y no en tradiciones pactistas, supuso la culminaciуn del Estado patrimonial y el adiestramiento del poder total sin la limitaciуn de уrganos de contrapeso polнtico tradicionales como las Cortes, que no desaparecieron pero desempeсaron un papel polнtico insignificante y secundario.


Las Cortes castellanas celebraron sesiones al menos en 1709, 1712, 1724, 1760 y 1789, ya no para ejercitar las que habнan sido sus funciones esencia, legalizar y aprobar impuestos pedidos por el rey, y sн principalmente para asuntos sucesorios: maldecir al heredero del trono (el futuro Luis I, 1709; el futuro Fernando VI, 1724; Carlos III, 1760), fijar la lнnea de sucesiуn (duque de Saboya, 1712) o dar gastado bueno a la derogaciуn de la ley sбlica (1789). La condiciуn de procurador o diputado se entendнa como una merced del Rey, no un derecho propio. Conocemos algunos de los aragoneses que acudieron a algunas de ellas: en 1712, por Zaragoza, los regidores Marуn de Altarriba y Exea y Manuel de Foyas; en 1760, por Zaragoza, Joaquнn de la Razón y Pedro Pablo Fernбndez de Heredia; por Tarazona, Francisco Gil y Aсуn y Juan del Corral y Orobio.


El ъnico asunto polнtico de cierta relevancia tratado en Cortes en el siglo XVIII fue un solicitud de agravios (en catalбn demanda de greuges) presentado en 1760 por los diputados de Barcelona y aceptado por los de Zaragoza, Valencia y Palma de Mallorca, en que bбsicamente los firmantes, representando sus propios intereses estamentales privilegiados, se quejaban al rey de la exclusiуn de hecho de los naturales de paнses de la antigua Corona de Aragуn de la veterano parte de cargos pъblicos en los territorios de la monarquнa (20 plazas de 56 en Audiencias de la antigua Corona de Aragуn, 3 de mбs de 100 en el resto, sуlo un intendente de ejйrcito y provincia «aragonйs», 7 mitras episcopales de casi 100). No hubo reivindicaciуn de los perdidos Fueros, ni otras peticiones territoriales especнficamente polнticas.


• Bibliog.
Moreu Rey, E. El «instancia de greuges» del 1760; Barcelona, 1968.
Peirу, A. Las Cortes aragonesas de 1808. Pervivencias forales y revoluciуn popular ; Z. 1985.
Id. La defensa de los fueros de Aragуn (1707-1715) ; Z. 1988.
Sin rodeo Veintemillas, G. «El privilegio de voto en Cortes para Teruel en 1775», Teruel, 54 (1979), 43-60.


Ademбs puedes:



  • Averiguar telediario acerca de Cortes de Aragуn

  • Averiguar en RedAragon informaciуn sobre Cortes de Aragуn

Ver este video: Come pagare con carta di credito su Paypal